Storyville prostitute

¿A qué olía Nueva Orleans? Posiblemente a jadeos de furcia, a billetes de proxeneta y a restos de orín de blanco engreído que invertía en carnalidad etílica el dinero ganado en la plantación. Pero también a sudor de esclavo negro, a jabón anacarado de criollo, a cenizas de hechicera vudú o a pieles curtidas de indio antes de Mardi Grass.

En un intento por contrarrestar los hedores pantanosos del bullicio, y con el ánimo puesto en acaparar candidatos, las prostitutas empezaron a utilizar una fragancia de jazmín (jasmine). No les fue mal. Causaba tanto furor entre su comitiva de candidatos que no tardaron en ser conocidas como jass-belles. Aquel que abandonaba el burdel, aún impregnado del aroma de la pasión del perfume de jazmín, se decía que estaba “jassed“. A los músicos que tocaban en esos lugares se les pedía que lo hicieran en un estilo “jassed“, es decir, sexy, para que pudiera inspirar los bailes de las meretrices y satisfacer al personal masculino.

De entre las múltiples teorías que intentan explicar el origen de la palabra jazz, la del perfume de jazmín tal vez sea la más inverosímil, pero al mismo tiempo una de las más cautivadoras.

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