Cabinas de silencio

La ciudad es un mar de cemento. Y suena. Igual que ocurre en el océano. A veces el sonido es intenso. Depende de la furia del viento y la estridencia de las olas. A veces es tan solo un murmullo hipnótico de un mar calmo. Pero siempre está ahí robando su espacio al silencio. En la ciudad ocurre exactamente lo mismo. El ruido, en todos sus altos y bajos de ecualizador, no calla.

Pero ocurre que un individuo, en la inmensidad sónica de la ciudad, pueda necesitar silencio. Para hacer una llamada telefónica. Para concentrarse en un asunto urgente. Para atender cuestiones laborales. Para jugar…

Ese espacio blindado al silencio no existe en las ciudades. Pero hay un proyecto destinado a crearlo.

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