Primavera Sound: La cultura no es un lujo

El Primavera Club se ha convertido en la primera víctima de la nefasta gestión que Gobierno y administraciones públicas vienen realizando las últimas legislaturas en lo que a Cultura se refiere. Lo peor de todo es que la noticia no pilla desprevenido a nadie, puesto que Gabi Ruiz, director del festival y de su hermano mayor, el Primavera Sound, ya venía avisando de esta posibilidad desde hace unos meses en el blog del festival.

En un momento difícil en el que algunos veteranos festivales como el mismísimo FIB de Benicassim se ven forzados a desmentir su desaparición, y otros no tan vetaranos como el Faraday no tienen más remedio que anunciarla, algunos pensarán que este movimiento del Primavera Sound sea una consecuencia de la burbuja de festivales que ha venido disfrutando nuestro país los últimos años, pero nada más lejos de la realidad. El Primavera Club había vendido todos los abonos puestos a la venta e incluso había agotado entradas en Madrid, siendo esta, su séptima edición, todo un éxito de público. Además, tanto el Primavera Club como su hermano mayor, el Primavera Sound, son quizás los dos festivales con un público más fiel a nivel nacional, y los números así lo demuestran.

La decisión de organización se debe, por lo tanto, a las numerosas trabas e imprevistos que ha tenido que sufrir los últimos meses por parte del Gobierno central del Partido Popular y su nefasta gestión del Ministerio de Cultura, a cargo de un impresentable ex-tertuliano de Intereconomía cuya sola mención, José Ignacio Wert, ya provoca asco y rechazo a partes iguales.

Primero fue la descomunal subida del IVA a la cultura llevada a cabo por el Partido Popular, quizás el mayor ataque a la cultura española llevada a cabo por un gobierno en la historia de nuestro país. El mundo de la música hizo piña, pero el Gobierno hizo oídos sordos y las consecuencias están siendo desoladoras para el mundo del cine, el teatro, la música y la cultura en general. La subida del IVA del 4% al 21% ha supuesto la estocada de muerte para la cultura española.

Poco después saltaba la voz de alarma para los festivales españoles, el propio Primavera Sound anunciaba en su blog que el Gobierno del Partido Popular los estaba sentenciando a muerte emitido una circular en la que les informaba de que la comida y bebida que sirvan durante su celebración se verían gravadas con un 21% de IVA en vez del 10% con el que se grava a bares, discotecas y locales de restauración.

Pero aún quedaban por llegar los “imprevistos” de las administraciones locales. El primer golpe fue para la edición de Barcelona, que veía como perdía dos de sus recintos, el Mercat de les Flors y la mismísima Sala Apolo, el primero por no recibir la licencia municipal necesaria para acoger las 18 actuaciones previstas, y el segundo por problemas estructurales detectados en el edificio pocas semanas antes del festival.

El segundo golpe llegó apenas dos días antes de la edición del festival por parte del Ayuntamiento de Madrid, donde aún coleaban las responsabilidades (que no las dimisiones) por la reciente muerte de cinco menores en una fiesta celebrada en el Madrid Arena. En un absurdo ataque de pánico provocado por su incompetencia, y buscando lavar su imagen para evitar dimisiones, el Ayuntamiento reducía de 800 a 100 personas el aforo de la Nave de Terneras, en Matadero.

Todos estos problemas e inconvenientes contrastan con la situación de la edición portuguesa de Guimaraes, ciudad para la que la organización se ha deshecho en elogios y halagos. Todo un éxito.

Con este desolador panorama el festival ha anunciado que estas dos ediciones en Madrid y Barcelona serán las últimas que se celebrarán de momento en nuestro país, y a partir del año que viene se centrarán en repetir la experiencia de Guimaraes (Portugal) y debutar en Burdeos (Francia), cuyas fechas se conocerán en breve. El anuncio ha venido acompañado de una promesa, el de su vuelta a nuestro país en un futuro no lejano.

El Primavera Club ha sido la primera víctima, pero no cabe ninguna duda de que no será la última. Desde estas páginas nos solidarizarnos con la organización al mismo tiempo que expresamos nuestra más profunda preocupación por la situación actual de la cultura y las políticas llevadas a cabo por el actual Gobierno. Señores políticos, la cultura no es un lujo.