Kings of Convenience @ DCODE Fest 2012 | Foto: Cristina Parapar

Las olimpiadas de la música llegan al Dcode Fest. Se suben al pódium Sigur Rós (Islandia), The Killers (Estados Unidos), Justice (Francia), The Kooks (Inglaterra) y Kings of Convenience (Noruega). Compitieron por el oro durante los días 14 y 15 de septiembre en la Universidad Complutense de Madrid.

El debut olímpico llegó con las actuaciones de Dorian, Niños Mutantes o Le Traste. Los acordes galvanizados de plata los recogen Kings of Convenience. Suben al escenario con guitarra acústica, eléctrica y dos voces que caminan con zapatos de bossa nova y se anudan en el cuello corbatas de rock británico. Un haz de luz azul cruza el escenario esbozando el contorno de los gestos de Erlend y Eric que se miran con la confianza y honestidad de una amistad perenne. No dejan de hacer su música y sus elaboradas partes instrumentales rebosan ritmos funk, como un rompecabezas de piezas infinitas. Su sello es inexpugnable y de esta manera rematan el concierto con “I’d rather dance with you”.

The Shoes @ DCODE Fest 2012 | Foto: Cristina Parapar

Cae la noche y The Shoes colonizan la capital. Se sitúan en la línea de salida sintetizadores, una guitarra eléctrica ocasional y dos hombres armados de baquetas, bombos, tambores y platos. Las sincopas de éstos empujan al público, como si de una marea humana se tratase sube y baja, las olas rompen con la música en la orilla y se pierde etérea en la espuma. El tempo de vértigo de “Time to Dance” se combina con el sonido impersonal de la electrónica.

dEUS @ DCODE Fest 2012 | Foto: Cristina Parapar

Deus vienen de Amberes, una ciudad belga con encanto y avenidas enormes. Manejan a su antojo el “ritardando” y la ambigüedad del rock psicodélico. En sus inicios se dedicaban a hacer versiones y ahora presentan otro de sus álbumes con composiciones propias “Following Sea”.

Como en las ceremonias de apertura de los juegos, Kimbra aporta el carácter festivo al evento con una armonía colorista, una voz expresiva y una puesta escena teatral y vistosa. En el Dcode la artista neozelandesa demuestra que es algo más que la segunda voz en “Somebody That I Used To Know”. Se enfrenta a guitarras del blues en “Plain Gold Rain” o a la duplicidad de la melodía “Settle Down”.

Sigur Rós @ DCODE Fest 2012 | Foto: Cristina Parapar

Un ejército de músicos entra en escena. Piano de cola, bajo, guitarra, batería, marimba, instrumentos de viento metal y una avanzada de cuerda que tocan prácticamente en la oscuridad. La música de Sigur Rós es la simetría en el aparente caos. Abstracta, experimental, etérea, las notas levitan sobre el escenario. Su marca es única: un motivo musical que presenta un instrumento, la orquesta le sigue, lo abraza hasta que el sonido se ve atrapado entre las paredes de una celda caleidoscópica para finalmente ser liberada.
Jónsi toca la guitarra con el arco. Entre todos construyen una armonía muy cuidada, nostálgica e introspectiva como su último trabajo “Valtari”. Se sostiene sobre dos pilares de acordes parapetados en la noche, donde se apoyan bóvedas en forma de blancas y negras. Por fin escuchamos “Hoppípolla”. En un ambiente bucólico las colinas se abren y los mares desembocan eternamente. El viento metal entra cuando la orquesta ya está en llamas. Los silencios son expresivos como en las sinfonías de Malher, se puede cortar el aire y repartir el tiempo. La música del grupo de Reikiavik no quiere contarlo todo, pero el sonido quiere vivir para siempre. Arroja la piedra y no esconde la mano, Sigur Rós lidera el pódium del festival madrileño.

Justice @ DCODE Fest 2012 | Foto: Cristina Parapar

¿Es Justice la música del nuevo siglo? Originales, dinámicos y con un directo único el grupo parisino clava su estandarte en el escenario de la Universidad Complutense. Ya está todo preparado: una cruz, una gran mesa de mezclas, sintetizadores, altavoces de dimensiones inconmensurables y un piano que entra en escena cuando la electrónica se lo permite. Comienza la homilía. Son contundentes y decididos, con una personalidad aplastante. Las notas, como un pelotón, se adentran sin mirar atrás en territorios vírgenes de la música electrónica.

Crónica y fotografías de Cristina Parapar.