Apunten, disparen y… ¡fuego! Con la puntería de Guillermo Tell, Coldplay dispara contra unas inmensas dianas bordadas de luces que iluminan el recinto. Las pulseras verde, azul y rosa (todo parte del espectáculo) luchan contra sostenido, bemol y becuadro. Somos como una gran ciudad que nunca duerme, una marea anónima que se esconde en edificios que parpadean.

El grupo inglés, un rara avis en el panorama del rock internacional, pervierten la inocencia de las notas con fuegos artificiales y espirales de colores, sin embargo Chris Martin despedaza las líneas y cose los versos. Respeta el “tempo” lento de las caricias. Y cuando nacen las palabras, descansan en acordes de consuelo. Es el característico, y único, sonido de Coldplay, el que todos conocemos.

Abren fuego con “In my place” y ahora montones de discos, dispuestos en altas pilas tornasoladas, recuerdan. El piano dibujaba las primeras corcheas de un concierto que sería espectacular. Ponen un cerrojo a los ojos y abren las puertas al himno de “A Rush of Blood to the Head. “The Scientist” sale de puntillas a la noche, camina entre farolas vigilantes, entre luces y sombras. Y esto era sólo el principio.

Viendo como los años recorren pentagramas entre en escena “Yellow”, un canto a la vida. Una melodía construida entre teclas blancas y negras en constante ebullición y bemoles y sostenidos que se arremolinan entusiasmados. Los pentagramas que eran muros infranqueables ahora arden en llamas. Entre la humareda se acobardan los últimos acordes que abrieron camino a “Clocks”. El estandarte del grupo inglés se clava en intervalos de tercera mayor y quinta justa. Asimismo tocan temas más recientes como “Violet Hill” donde las notas marchan siguiendo el pulso del piano y sus cabezas soportan la pesadumbre de yelmos sincopados. El estadio vibra al escuchar “Life in Technicolor” o “Every Tear is a Waterfall”.

Alejandra Pizarnik escribía: “la jaula se ha vuelto pájaro y devoraba mis esperanzas. Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo porque aún no les enseñaron que ya es demasiado tarde”. Coldplay se empeña en abrazar el mundo. Pone punto y final con “Fix you”. Busca la luz atravesando las tinieblas. Sonriendo en modo menor y dejando las lágrimas secas.

Estadio Vicente Calderón, Madrid (20/05/2012)