Prosiguiendo la historia del pop español que publicamos ayer, el viaje a través de los Sonidos de Europa del diario británico The Guardian continua con este interesante artículo de Trevor Baker, en el que el periodista musical inglés explica lo que está pegando más fuerte actualmente en España, su país adoptivo. Un interesante artículo para entender que piensan en el extranjero de nuestra música, más allá de Enrique Iglesias y Las Ketchup.

La música española actual: de Alicante a Zaragoza

Bigott

Hace un tiempo que viene denunciándose que la actitud pasiva de España respecto a las descargas piratas de música podría acabar convirtiendo el país en una especie de ‘desierto cultural‘. Esta perspectiva podría ser recibida con cierta indiferencia por parte de algunos fans de música pop de habla inglesa. Artistas como Alejandro Sanz y David Bisbal venden millones en el mercado mundial de habla hispana, pero por contrapartida, en el Reino Unido, su aparición se limita a algún cameo puntual en temas de artistas más internacionales como Shakira y Rihanna.

Sin embargo, la música española no acaba con Julio Iglesias ni con su heredero espiritual (y literal). Si el Reino Unido hubiera disfrutado de una radio menos conservadora durante la década de los 80s, bandas como Alaska o Dinarama, de “la Movida” madrileña, podrían haber reemplazado, o al menos se podrían haber unido, al rey de los cantantes como nombres de la cultura pop española.

Aún cuando el lenguaje del pop puede ser universal, uno probablemente necesita entender español para extraer lo máximo de las letras del cantante de hip-hop Nach, nacido en Alicante. No es de extrañar por tanto que lo que cruza el Golfo de Vizcaya en los últimos años destaque por el poco énfasis puesto en las letras. Los reyes del indie-dance Delorean y Zombie Kids cantan en inglés, mientras que El Guincho, mantra de los cánticos de sabor tropical y realizador de auténticos collages sonoros, las condena a un segundo plano, dando preferencia a sus coloridos ritmos. Paralelamente, los gustos del aclamado productor John Talabot y su compañero de sello Pional, coexisten en un universo de beats electrónicos de house y techno donde las palabras en si mismas carecen de relevancia.

Si nos alejamos de las zonas costeras y las islas, nos damos cuenta de que no todo en España es clubbing. Muchas de las mejores bandas actuales vienen de lugares fríos, húmedos y post-industriales. Quizás sea ese el motivo por el que los excelentes We Are Standard, del País Vasco, suenan un poco como los Stone Roses en su nuevo trabajo ‘Great State’. Fasenuova, naturales de la lluviosa región de Asturias, realizan una oscura y sardónica electrónica de tintes góticos que confundirían horriblemente a cualquier clubber de Lanzarote.

Pero es Barcelona la que, como siempre, compite con Madrid por ser la capital cultural de España. La banda de fusión flamenca Ojos de Brujo se ha separado, pero su espíritu sigue vivo en el nuevo proyecto de sus fundadores Ramón Giménez y DJ Panko, llamado Lenacay. Mientras, otros artistas mezclan rumba catalana con flamenco, rock, ska y dance. Muchachito Bombo Infierno y La Troba Kung-Fú son los ejemplos más conocidos, pero es la extraordinaria Concha Buika, a quién los fans de Almodóvar recordarán de ‘La piel que habito’, la más memorable de todos ellos. También hay una importante escena de grupos de habla catalana como la formación folk Manel y los magníficamente sombríos Animic, que han cosechado un gran éxito en resto de la península.

La escena de Barcelona también ha sabido atraer influencias de todas partes del mundo, como el exiliado artista francés de blues Edith Crash y la de Evripidis, fan griego de Magnetic Fields, cuyo extravagante pero melancólico ‘Abroad’ podría tocarle la fibra al oyente más frío. La comunidad británica, formada por cerca de 800.000 personas, vive en su gran mayoría en la Costa Blanca y la Costa del Sol. Entre todos ellos, solo el cantante de pop británico Aardvark Asteroid de Elche ha hecho mella en la escena musical de su país de adopción. Pero la eterna pregunta de si cantar o no en inglés lleva tiempo coleando entre los más melómanos. La maravillosa voz de la reina del indie madileño Russian Red hace del inglés su opción ideal, mientras que los populares barceloneses Love of Lesbian solían cantar también en inglés, hasta que se dieron cuenta de que, como su terrible nombre indica, se expresan mucho mejor en castellano.

Su éxito, comparable al de los padrinos del indie español Los Planetas, ha ayudado a cimentar el camino para una escena que los indie-snob han bautizado con el nombre de “inditex”, implicando que en realidad son tan comerciales como el conglomerado empresarial del dueño de Zara. Esta etiqueta comprende un importante número de bandas melódicas lideradas por Lori Meyers y, más recientemente, Polock. Los sombríos Vetusta Morla de Madrid, son a menudo incluidos también en esta lista, principalmente porque su excelente trabajo ‘Mapas’ los ha convertido en el grupo más importante del país dentro de su género. Ellos, junto a los brillantes BigottGuadalupe PlataFurgusonQuique González y Za! fueron escogidos como abanderados de España en la última edición del SXSW Festival.

El que quiera un indie más auténtico, sin embargo, debe echar un vistazo a las filas de los sellos barceloneses Sones y La Castanya, o a las del madrileño Elefant Records, hogar discográfico de La Casa Azul y La Bien Querida, y del electro-indie de Astrud. Muchos de estos artistas marcan los límites contra la tiranía de la cultura española de las 24h de fiesta. La mejor canción de Doble Pletina, por ejemplo, parece tratar sobre estar encerrado en un ruidoso club y querer irse a casa. Ellos, junto a los amables Band A Part y Medelia han hecho del chica-guapa-conoce-chico-sensible-con-barba un género en si mismo, mientras que los espléndidos mocosos de Los Punsetes muestran que el júbilo y las obscenidades infantiles también tienen su sitio en la música indie.

Es una feliz paradoja que, aunque es cierto que ninguno de estos artistas puede hacer mucho dinero (Luis Calvo, responsable de Elefant, dice que las descargas han echado por tierra la industria y que las ventas de música son un chiste), hay más bandas que nunca. Muchas, como los alicantinos Inquiro, se sacan ellos mismos las castañas del fuego, a menudo con la ayuda de webs de crowd-funding.

Un movimiento astuto, comercialmente hablando, sería crear una de las bandas de la nueva ola de metal. Festivales de rock como Costa de FuegoSonisphere están prosperando muchísimo (este último vendió 90.000 tickets en su última edición, 20.000 más que en la del año pasado). Muchos de los grupos que componen su cartel son extranjeros, pero algunos son tan buenos como los madrileños Vita Imana, claramente influenciados por Soulfly, que hacen un uso brillante de percusiones tribales y sonidos guturales españoles, inherentemente a la utilización de los sonidos propios del thrash-metal.

Esas “j’s” guturales y esas “g’s” gruñonas han encontrado hace tiempo su verdadera expresión en un tipo de música que es sinónimo de España, el flamenco. El género hecho famoso por  Camarón de la Isla y Paco de Lucía ha sido absorvido durante mucho tiempo por otros numerosos estilos, pero los gustos de la multinacional banda barcelonesa Las Migas, y de las cantantes como Encarna AnilloMontse Cortés, todavía re-inventan el flamenco buscando nuevas fronteras al mismo tiempo que preservan su espíritu original. El flamenco es una música con un significado histórico, y un recordatorio muy útil de que, mientras España está pasando por duros momentos, no hay nada comparado a lo que ya ha sufrido en el pasado. Pase lo que pase con la crisis económica, o con las descargas, España está muy lejos de convertirse todavía en un “desierto cultural”.

Artículo original | The Guardian