Dark Dark Dark

Se reúnen un gran piano de cola, un clarinete, una guitarra, un acordeón y un bajo en ciudades donde todo el mundo es forastero. Se cobijan bajo balcones de harmonías oscuras, experimentan con el sonido, rascan las cuerdas, acarician los platos. El grupo Dark Dark Dark se aleja del mainstream, construyendo edificios con estructuras poco habituales. Muchas síncopas, percusión a contratiempo y acompañamiento fuera de la tónica habitual. Un bajo que hace blues, una batería que golpea a ritmo de jazz y un acordeón que rescatan de la música popular escalan el viento.

Como buenos seguidores del modo menor, del tono nostálgico del blues guardan la pasión en el fondo de los cajones, pero se retuerce, se escapa, se pierde en un océano de desidia. La trompeta acaba explotando en dinámicas incontrolables, arrancando los barrotes de las cárceles de folk y pop barroco.

En su último trabajo “Wild Go”, pentagramas pasean por una ciudad donde nadie se conoce. Hierven el “forte” y el “piano”. Se quema el hielo. La tragedia se baña en acordes de segunda disminuida. En París arden los asientos mientras una llama invisible va quemando el teatro.

En el tema “Wild Goose Chase” el piano y la trompeta están unidos por un lazo de bemoles. Cada instrumento es una historia. Se aventuran en un “tempo” que se curva peligrosamente mientras el pentagrama se disuelve al llegar al límite del abismo. El viento sopla en lágrimas, la voz sofoca el llanto.

Escobillas y baquetas se turnan para golpear los platos, ha llegado el momento para “Daydreaming”. Las manos de la pianista tienen vida propia. Cada sonido recobra su identidad en medio de avenidas gigantescas. Los silencios pasan desapercibidos en compases de cuatro por cuatro porque en esta ciudad nadie los reconoce. Con un intenso crescendo resucitan a autómatas erguidos que se diluyen entre calles congeladas. Dark Dark Dark compone para que las aceras no estén tan frías, entonces la soledad se llena de música.

Theatre De La Cite Internationale, Paris (23/03/2012)