Gainsbourgh

Un biopic sobre Serge es algo que el mundo pedía a gritos. Personaje provocador, cantante de canciones que son voces populares, director, actor y seductor idolatrado. Serge Gainsbourg tuvo una vida personal tan loca como su carrera profesional. Es una historia de alcohol, drogas, tabaco, amoríos con estrellas del cine como Brigitte Bardot y Jane Birkin y una extraña y ambigua relación con su hija Charlotte.

El pastel estaba servido para ofrecer la película que el público esperaba. Pero no ha sido así, ya que Joann Sfar; autor de cómics como ‘La Mazmorra’; ha preferido acercarse a la estética de Gondry en ‘La ciencia del sueño’ para narrar esta biografía en forma de cuento. Sfar ya dijo que le gustaba demasiado Serge como para ser fiel a los hechos; así nos presenta una película que es como una autobiografía explicada por otra persona, el propio Sfar; a su manera y lo que le interesa; y que juega a mezclar realidad y fantasía. Con muñecos que refuerzan la puesta en escena de la trama, como Gainsbarre; alter ego y conciencia de Serge, es un Gainsbourg narigudo que parece ayudar a Serge. Aunque no quede tan claro al final de la misma.
Así damos comienzo a una historia donde Serge vive con sus demonios y sus múltiples personalidades, máscaras; donde el resto de personajes parecen cohabitar con estos demonios e interactuar con ellos sorprendiendo mínimamente al público.

Aunque personalmente esperaba mucho más de este visionado, vale la pena dado el material que circula por nuestros cines últimamente. Es una película madura, con un problema de guión. Es un diálogo ligeramente flojo, que pretende ser indie y simplemente es disperso. Amen de otro gran inconveniente. Sfar sólo ha plasmado los momentos más conocidos de Serge. No destaca ningún elemento sorpresivo que pueda hacer las delicias del espectador; todo lo que se ve es todo lo que es mundialmente famoso, comercial. Esto provoca un ritmo frenético en la misma ya que se intenta sacar una lista de puntos obligatorios que son lejanos en el tiempo; y sencillamente no hay tiempo suficiente para todo en lo que dura una película. ¿El punto fuerte de la película? La interpretación de Éric Elmosnino. PRODIGIOSA. Hay escenas donde parece que el propio Serge esté en escena. Sin saber si el parecido es real o fruto de una magnífica caracterización, es imposible encontrar un mejor actor para hacer del cantante. Reflejo del artista, Éric ofrece exactos amaneramientos que no recaen en la parodia; se mueve, actúa y piensa como Serge; y el resultado es la autenticidad que consigue la película. No sería nada sin la interpretación de Éric.