americana motel

Hace ya meses desde que Dunstan Ramsay, uno de mis compañeros de blog, me descubriera La gran mixtape americana. El blog, perteneciente al ya desaparecido diario digital Soitu.es, describe la experiencia por suelo americano de Álvaro Llorca y María Sánchez, dos jóvenes periodistas que un buen día decidieron cruzar el Atlántico para conocer todo lo que se mueve alrededor de la cultura musical americana, pequeñas tiendas de discos, los trabajos de Sufjan Stevens, personajes como Charlie Grappone o ciudades como Detroit o Chicago. Desgraciadamente su andadura en Soitu duró poco, las pocas semanas que tardó el diario en anunciar su cierre, apenas 22 meses después de iniciar su andadura en Internet.

Por suerte para gente como yo, amante de todo lo que tenga que ver con la música y los viajes, Álvaro y María han iniciado hace poco su nueva andadura en El País bajo otro nombre, el nombre de Motel Americana, pero con las mismas ganas de contar todo lo acontecido en su periplo por las tierras de Elvis y La Ruta 66. En el nuevo blog ya se puede leer su encuentro con el afamado músico y productor Steve Albini, su visita a las oficinas de la revista Pitchfork, o lo que ambos se encontraron a su llegada a una decadente ciudad de Detroit, en definitiva, el sueño de cualquier lector de Jenesaispop o asiduo al Primavera Sound.

En su día, tras el cierre de Soitu y La Gran Mixtape Americana, conseguí contactar con Álvaro y María para preguntarles sobre el viaje, la situación de sus artículos publicados e incluso la posibilidad de hablar de ellos o publicar algo en Paranoid Androids. Rápidamente obtuve respuesta de ellos, y amablemente no solo respondieron a todas mis dudas y preguntas sino que se ofrecieron a colaborar directamente para hablar de su viaje y todo lo que esa experiencia supuso para ellos. A continuación, y a modo de entrevista, os dejo unas interesantes preguntas y respuestas que ellos mismos se hacen después de ese viaje que todos hemos con soñado hacer algún día, una incursión en lo más profundo de los Estados Unidos de América, antaño el pais de las oportunidades.

1. ¿Cuál es la ciudad de EEUU en la que encontrasteis un movimiento musical más interesante, en la que más se palpaba la influencia de la música?

Creo que en casi todas las ciudades de Estados Unidos es fácil encontrar un circuito musical en el que se muevan bandas interesantes, donde se puedan ver conciertos cada noche y donde se puedan encontrar tiendas de discos con catálogos como para volver loca a cualquier persona con saldo en la tarjeta de crédito. Ésa fue una de las razones que nos empujó a hacer el viaje, la sensación de que cada ciudad tiene su propia idiosincrasia musical muy marcada y que existe una relación de simbiosis entre ambas (ciudad y escena musical) que crea en cada caso un ecosistema único y propio, que no es comparable al de las demás. Y eso es precisamente lo que hemos tratado de reflejar en el blog, las particularidades de la relación que se establece entre música y lugares. La gente aficionada a la música (sea del género que sea) tiene una facilidad enorme para crear una red en función de su interés por un mismo tema y establecen dinámicas muy vivas que dotan de un pulso especial a las ciudades.

Una de las escenas musicales que nos pareció particularmente interesante fue la de Chicago, nos dio la sensación de ser muy abierta y colaborativa. Otra que por desgracia no tuvimos oportunidad de conocer bien por falta de tiempo, pero que tenía aspecto de ser muy interesante y activa fue la de Portland, en Oregón. Sin embargo, si tuviera que elegir un lugar donde se palpaba la influencia de la música, creo que me quedaría con Tucson, en Arizona. Calexico, que es el grupo más representativo y conocido de la ciudad, ha impregnado multitud de rincones con su actividad, que se palpa con facilidad. En parte es algo que se ha producido por la actitud tan aperturista de este grupo y la virtud de sumar proyectos y colaboraciones en torno a él. Bebe de todo tipo de fuentes y colabora con músicos y artistas de todas las disciplinas y eso creo que ha dejado una imprenta muy marcada en la ciudad.

2. ¿Cuáles son las canciones que más sonaron en vuestro trayecto por carretera?

14.000 kilómetros de carretera dan para escuchar muchas cosas, así que sería imposible hacer un inventario detallado de toda la música que escuchamos en tantas horas. Una mixtape fiel a nuestro trayectos tendría que incluir necesariamente canciones como ‘Ode to L.A.‘ de The Raveonettes; ‘The trapeze swinger’ de Iron & Wine; ‘About today‘ de The National; ‘Meaningless‘ de The Magnetic Fields; ‘And you lied to me‘ de The Besnard Lakes; ‘Dying is fine‘ de Ra Ra Riot; ‘Some velvet morning‘ de Lee Hazlewood y Nancy Sinatra o ‘The alps & their orange evergreen‘ de Akron/Family. Escuchamos mucho a Devotchka y a Calexico, sobre todo en Texas, porque sus canciones más polvorientas y fronterizas eran la banda sonora perfecta para ese paisaje. El disco de Fleet Foxes, el Smokey Rolls Down Thunder Canyon, de Devendra Banhart o el For Emma, forever ago, de Bon Iver también eran clásicos en nuestro humilde Hyundai blanco. Ah, y un descubrimiento que hicimos en Los Ángeles fue Empire State of mind, de Jay Z y Alicia Keys, que nos pareció un temazo que después no parábamos de canturrear durante nuestra segunda estancia en Nueva York. Una canción que nos persiguió durante todo el viaje de forma recurrente fue Sex on fire, de Kings of Leon: la ponían en todos los bares, gramolas, estaciones de radio, gasolineras, tiendas de discos y cafeterías del país sin parar.

3. De todos los músicos a los que conocisteis, ¿a cuál elegirías para compartir piso y por qué?

Pues no sabría elegir. Tal vez me quedaría con Rachel Grimes (ex miembro de Rachel’s), porque tenía aspecto de saber hacer pavos asados riquísimos y de mimar hasta la exasperación a sus compañeros de piso. Pero tal vez sería demasiado ordenada para mí. Kevin Drew, cantante de Broken Social Scene, me parecería un buen candidato para convivir: además de tener una preciosa casa con vistas al lago Ontario y una habitación para invitados con un tragaluz espléndido, no me dio la sensación de que sea un tipo que se quede en casa un solo viernes y eso es algo que se cotiza en estos tiempos que corren. Otra opción nada desdeñable, por lo exótico del asunto, sería compartir piso con el batería de The Phantom Family Halo y con su novia, embalsamadora de cadáveres en Louisville, Kentucky. Ambos vivían en el piso de arriba de una funeraria y pronto planeaban mudarse a un búnker.

4. Tienes asociada alguna canción a cada una de las ciudades en las que estuvisteis. Por ejemplo, ¿hay una canción que te venga a la cabeza cuando piensas en NY o en Detroit?

Es curioso el poder que tiene la música para retrotraerte y devolverte a lugares y momentos que tienes asociados a ella. Supongo que es una de las cuestiones más personales que puede haber, pero hay ciertas canciones que de vez en cuando me asaltan en el iPod y que tengo que quitar porque me recuerdan demasiado al viaje y a lo que sentía y pensaba cuando lo hice. Algunos ejemplos son ‘Ode to L.A.‘ de The Raveonettes, que nos pusimos en modo repeat cuando nos íbamos de allí. O el disco entero ‘Greetings from Michigan‘, de Sufjan Stevens, que habla de todos los rincones del estado y que estuvimos escuchando según los íbamos recorriendo. También de Sufjan son necesariamente recurrentes todas las canciones sobre Chicago e Illinois que hay en su disco ‘Illinois‘. En un plano completamente subjetivo y personal, dos canciones que me traen muchos recuerdos, de casi todas partes, y que me producen una sensación de nostalgia muy marcada e intensa son ‘Sex on fire‘ y ‘Tahquamenon falls

5. ¿Y vuestro mayor descubrimiento musical?

Todavía no se han terminado. Regresamos a casa con miles de nombres apuntados en otras tantas libretas y aún sigo haciendo inventario de discos que nos recomendó gente de la más diversa calaña.

Una de las cosas que más he escuchado recientemente han sido a Roscoe Holcomb, un señor de Kentucky que tocaba el banjo y que hacía bluegrass, country y todos esos géneros de raíces profundas americanas. Nuestro paso por Mississippi y los estados sureños también me han dejado con muchas ganas de meterme de lleno en el gospel, el blues más crudo o cualquier género que sea típicamente negro. De momento, sólo me he asomado al soul y me ha dado un mareo de la cantidad de cosas que tengo por aprender.

En una onda más moderna, me ha parecido una delicia el disco de Timber Timbre, un cantautor canadiense que nos recomendó Tony Dekker, el cantante de Great Lake Swimmers. El otro día también me acordé de que Damian Abraham, el cantante de la banda de hardcore canadiense Fucked Up, nos había recomendado en una tienda de discos a Picastro, un grupo también de Toronto que suena como Cat Power pero aún más oscuro. Si no fuera porque me induce al suicidio, me pasaría todo el día escuchándolos.

Otro de los grandes descubrimientos del viaje fueron Lee Hazlewood y Nancy Sinatra. El batería de The Phantom Family Halo nos regaló unos cuantos cds de varios para que escucháramos durante el viaje y uno de ellos incluía Some velvet morning. Investigamos de quién era la canción y descubrimos que era de ellos y que estaba en el mismo disco que otro tema titulado ‘Ladybird’ que nos llamó la atención una noche que lo pincharon en Austin, Texas. Ambas tienen un punto psicodélico muy atractivo.

6. Después de haber viajado tanto tiempo por Estados Unidos, ¿entiendes mejor esa relación tan estrecha (conocida, explotada y misteriosa) que une al americano con la carretera, su territorio y con el concepto del viaje y el movimiento?

Un viaje de estas características es algo que posee un enorme potencial ya que implica una relación especial hacia el pasado y hacia el futuro. Hacia el pasado, porque durante el trayecto es inevitable preguntarse por lo que uno ha dejado atrás. Y hacia el futuro, porque estos proyectos contienen la promesa de encontrar algo desconocido, de alcanzar una especie de revelación. Creo que en este punto radica buena parte del misterio.

En cuanto a la tradición americana del viaje, de la carretera y la manta, creo que allí estos viajes están tremendamente asociados con sentimientos de libertad, y es una metáfora que ha gozado de muy buena fama, ya que recoge un impulso y un ansia que todos hemos sentido en alguna ocasión: poner tierra de por medio. La generación beat, Ángeles derrotados o El cadillac de Big Bopper son ejemplos muy válidos de todo ello. “Tenía su gracia ser un macho adolescente americano, porque todo lo que no me la ponía dura, tuviese coño o alcanzase las sesenta y cinco millas por hora, no me preocupaba lo más mínimo”, se llega a leer en esta última obra. Por otro lado, hay una frase de Enzensberger que leí en una entrevista, que siempre me viene a la cabeza en estos casos: “Europa es un continente peatonal, eso la distingue de Estados Unidos”.

7. Elige un paisaje físico que se te haya quedado marcado por algún motivo

Buf, creo que es una respuesta bastante complicada. Me gusta pensar en el viaje como si fuese una película, más que como si fuera una imagen fija, una fotografía. Por ello, diré que me quedo con una sucesión de paisajes físicos, un travelling inmenso que incluye las cataratas del norte del estado de Míchigan, la carretera que se conoce como Natchez Trace Parkway (una inmensidad que recorre los estados de Mississippi, Alabama y Tennessee), los atardeceres entre las lagunas de Louisiana, las plantas petrolíferas de Texas… y creo que así podría pasarme varios días. En resumen, me quedo con la película entera que vimos durante dos meses y medio desde la ventanilla de nuestro coche de alquiler. Todo ello, por supuesto, acompañado por una banda sonora excepcional.

8. ¿Qué prejuicios sobre el carácter americano se han cumplido y cuáles desechas después de un viaje tan largo?

En este viaje hemos conseguido relacionarnos con gente de todos los estratos sociales: desde rancheros texanos que celebraban un concurso de tiro al blanco, hasta músicos de gran bagaje intelectual, como por ejemplo Steve Albini. Sin embargo, podemos decir que nos hemos relacionado en mayor medida con este último grupo de personas, por lo que estamos en disposición de realizar análisis más profundos acerca de ellos. En primer lugar, y quizás esto no deja de ser un tópico, nos ha llamado la atención la amabilidad en el trato que hemos recibido, así como la modestia y la profesionalidad de la mayor parte de músicos. Que el cantante de Broken Social Scene nos ofreciera su casa para dormir me parece algo muy significativo en este sentido. También me ha llamado mucho la atención el equilibrio que mantienen al ser personas muy idealistas, pero con un sentido práctico muy desarrollado.
En el otro bando, en el de la gente con menor acceso a la cultura, no deja de sorprender su individualismo tenaz. Por ejemplo, en una localidad del norte de Michigan, Paradise, que tiene cerca de 400 habitantes y en el que solo hay registrado un habitante de raza negra, conversamos con el responsable de un bar quien, a pesar de vivir en unas condiciones económicas muy precarias, se negaba a tolerar el seguro médico. “Tendré muy pocas cosas, pero esas cosas me perteneces, y si tengo algún problema de salud ya me buscaré la vida”, nos decía.

9. ¿Cuál ha sido contraste (económico, social, estético…) que más te ha llamado la atención?

Creo que el mayor contraste lo vivimos en el sur de Texas. En una misma jornada asistimos al conservadurismo más recalcitrante y al idealismo más hermoso. Por la mañana visitamos la ciudad de Sanderson, un lugar en el que, como me he referido antes, se celebraba un concurso de tiro en el que disparaban hasta los niños de 12 años. Allí mantuvimos conversaciones sobre la necesidad de estar armados frente a la ‘amenaza’ inmigrante. Luego a 180 kilómetros se encuentra la localidad de Marfa, un pueblo que visitamos por la tarde y que se encuentra habitado exclusivamente por artistas. Esta sensación es perceptible en muchos lugares, como también ocurrió en Arizona, donde es factible pasar desde Tucson, un oasis artístico y cultural, a lugares deprimidos como Black Canyon, donde la población no encontraba ningún tipo de expectativa vital y sus habitantes se encontraban devastados por un consumo desfasado de heroína, como si se tratara de un pueblo habitado por zombis. Fue verdaderamente escalofriante.

10. ¿Podrías describir el papel que tenían los moteles en nuestra experiencia cotidiana?

Si alguien quiere conocer bien el significado de los moteles le recomiendo encarecidamente que echa una ojeada a ‘Lugar común’, un delicioso y denso ensayo de Bruce Bégout sobre el fenómeno. Desde mi punto de vista, los moteles son lugares sumamente atractivos ya que sitúan al individuo en un lugar como si estuviese flotando en mitad de ningún sitio. Su diseño extremadamente funcionalista es propicio para el anonimato y para la desconexión. Es un lugar que por su asepsia logra dejar en una especie de limbo cualquier tipo de individualidad. Quizás haya que dormir en uno de ellos para comprender estas cuestiones. Eso sí, asegúrate bien de que no haya cucarachas en la almohada antes de pagar al recepcionista hindú.

No podía cerrar este artículo sin agradecer a Álvaro y María por su interesante colaboración. Gracias chicos.

Web oficial | Motel Americana