Hoy se han conocido las cifras referentes a la venta de música del primer semestre de 2010. El resultado no debería pillar a nadie por sorpresa, salvo a aquellos que siguen empeñados en no querer ver la realidad de un modelo que hace mucho tiempo que dejó de funcionar.

Las ventas de música ha caído en este periodo un 12% respecto a los primeros seis meses del año pasado, todo esto según el informe de la asociación de Productores de Música en España (Promusicae). Los españoles nos hemos gastado ‘únicamente’ 77 millones de euros en comprar música, ya sea en soporte físico o digital, y por supuesto los motivos a los que la Industria musical y Promusicae achacan este descenso es a la impunidad que existe en nuestro país respecto a las descargas en internet. Lo que no explican es porque durante ese mismo período, el mercado digital ha experimentado un crecimiento que supone el 25,8% del total de ventas, superando ya los 19,8 millones de euros.

Dice Antonio Guisasola, presidente de Promusicae, que la situación es preocupante, que la industria discográfica española sigue sin vislumbrar el suelo de su caída, sin embargo yo no puedo estar más en desacuerdo con él, no veo en estos números más que buenas noticias. A pesar del alarmismo que estos señores que se están forrando a costa de los artistas y consumidores intentan crear, la música no va a desaparecer. Ha existido durante siglos, mucho antes de que se inventara la industria musical, los soportes físicos y los derechos de autor, y va a seguir existiendo muchos siglos más. A lo que estamos asistiendo es al final de una etapa, un modelo de negocio anclado en un pasado en el que unos pocos se forraban a costa de muchos cumpliendo a rajatabla la ley del mínimo esfuerzo. Como dijo Thom Yorke este barco se hunde, pero la caída de la industria musical no será una gran pérdida para el mundo. Este colapso no hará sino beneficiar a las pequeñas discográficas independientes, aquellas que venden sus lanzamientos a precios todavía razonables, pero también a los grupos emergentes y a aquellos con una propuesta original, que se verán favorecidos por la desaparición de toda esa mafia de directivos y de artistas sin talento que esta situación se lleve por delante.

La venta de música digital seguirá creciendo, y la nueva industria musical que emerja se dará cuenta de que la mayoría de usuarios prefiere llevar un pequeño reproductor de MP3 con 30Gb en discos antes que un reproductor enorme con un único CD. La evolución lógica es que el CD y el DVD se vean relegados a una situación secundaria similar a la del vinilo actual, un elemento de coleccionista para los que gustan de consumir música detenidamente, parándose a disfrutar una y otra vez de cada letra y cada ilustración.

Sin embargo, en vez de asumir todo eso, la industria musical prefiere mirar a otra parte mientras sigue llorando a un presidente del gobierno totalmente vendido a los intereses de estas multinacionales, al mismo tiempo que se agarran al clavo ardiendo que supone para ellos la Ley de Economía Sostenible, una ley que criminaliza a sus propios consumidores y permite que entidades privadas y con claro ánimo de lucro pasen por encima del propio poder judicial. Cualquier cosa antes que reducir costes y disminuir el precio del producto final.